NOTICIAS QUE LLEGARON DEL SILENCIO.

Actualizado: may 9

Por: Clara del Agua

“Cuando hoy todos demuestran que nadie puede caminar en ninguna parte, me parece bueno levantarse rápido y correr.” - Michel Serres -


¿Si no es en la propia vida, para qué han de servirnos las ideas y los aprendizajes que hemos experimentado hasta este momento?


Como se hace cada vez más evidente, estamos en un sistema que ha pautado y pauta incisivamente nuestras formas de ver, pensar, sentir, hablar, actuar, aprender, elegir y relacionarnos en el mundo. Sumisamente estamos cumpliendo un montón de códigos que pasan por la urbanidad, la higiene, la salud, el uso del tiempo libre, vestuario, trabajo, uso del dinero y hábitos alimenticios, familiares, amorosos, sexuales, estéticos, entretenimiento y un largo etc.


Lograron interiorizarnos concepciones acerca del sentido de la vida humana, la forma en cómo debe desarrollarse y el significado y el valor de las experiencias. Nos inyectan continuamente ciertos estímulos y cierta información, y se están sirviendo de todo tipo de artimañas para inscribirnos en un modelo de vida profundamente tóxico e inconsciente, dónde lo único que les interesa es que podamos servirles para tener una mejor capacidad productiva; y como si fuera poco, consumimos cuanta basura nos venden y ofrecen, sin percatarnos que nos estamos envenenando en todos los niveles y hasta les pagamos y los hacemos ricos por ello, a costa de estar al borde del colapso como especie y arrastrando con nosotros al resto del planeta.

Domesticaron nuestra capacidad de cuestionar; atontados, entretenidos e irreflexivos incluso de nosotros y nosotras mismas, y, por ende, de nuestras relaciones con la vida, el mundo, la madre tierra y los demás seres sintientes en este planeta.


No podemos seguir transmitiendo y siendo parte de la ignorancia que recibimos, permitiendo que este mundo sea el proyecto de unas cuantas élites que hicieron de lo común, un proyecto particular que exclusivamente sirve y beneficia sus propios intereses y que implica y tiene consecuencias sobre todos y todas. El modo de estar juntos que nos inculcaron es muy inconsciente, la explotación ahora es normal, sostenemos una realidad que no queremos sostener y ni siquiera sabemos cómo funciona, ni las circunstancias que nos amarran a ella y además la enseñamos, la replicamos impulsivamente e incluso se la exigimos a los demás.

Para que las cosas cambien a gran escala, primero deben cambiar a pequeña escala y, esa pequeña escala, es cada uno de nosotros.


¡Tremenda lección la que estamos aprendiendo!

Estamos permitiendo que el mundo nos diga cómo son las cosas, como si la realidad fuera algo fijo, ¡la realidad es lo más frágil que hay, todo está cambiando constantemente!

En la información que los medios de comunicación nos brindan, hay una gran manipulación y responde a unos intereses específicos: nos quieren con miedo porque un ser humano con miedo no es capaz de razonar, no asume su poder. El miedo es una de las frecuencias más bajas de vibración que además de enfermarnos, nos hace sentirnos separados de la vida, cosa que es imposible.

No creas que las noticias son un reflejo claro de la vida, porque sólo muestran, se concentran y se alimentan de lo que no va bien.

El descontento común nace del descontento individual. Podemos revolucionar todos nuestros vínculos.

¡Empezar a hacer las cosas distinto, eso sí cambia las cosas! No puede ser que la obediencia y la docilidad por miedo, pereza o ignorancia sea lo que nos une. ¿Qué más nos une entonces? Podemos empezar por compartir la búsqueda para encontrar soluciones.

La alternativa a este modelo imperante se llama consciencia, consciencia de nuestros actos, de nuestro día a día, de nuestras relaciones, de nuestros verdaderos deseos, de nuestras elecciones, de nuestros pensamientos. En nuestra mente empieza todo, porque a donde van nuestros pensamientos va nuestra energía.


¡Nuestra mente es nuestra medicina!


Por eso es tan importante, y más en estos tiempos, empezar a meditar. Liberémonos de sufrir por lo que los demás hacen y hagámonos cargo de lo que hacemos nosotros. Seguimos atados a conceptos que se generaron hace cientos de años sin darnos a la tarea de crear espacios y formas inéditas de compartir y relacionarnos.


Algunas disciplinas orientales prohíben a sus practicantes el combate hacia afuera. Para ellos no es un buen método porque, cuando “nos agarramos” con otro afuera, es porque estamos creyendo que ese otro es lo que nos está frenando y es la causa de nuestra infelicidad, y ahí le estamos transfiriendo todo nuestro poder. Podemos cambiar la experiencia interna que tenemos de las cosas. Cuando culpamos a los otros “es por culpa de mi marido, del vecino, del presidente, del ministro, etc.” olvidamos toda posibilidad de generar realidad propia. Los orientales dicen: si peleamos afuera porque queremos destruir un obstáculo, es porque creemos que ese obstáculo está afuera. Es importante aclarar que no está mal resolver cosas en el exterior, claro que es necesario juntarnos para manifestarnos, juntos somos más inteligentes, pero no hay que poner en el exterior el peso de la solución de nuestras vidas, pues esa es una decisión interior porque el amor, la felicidad y la gratitud son estados de consciencia.


¿Para qué queremos resolver cosas afuera si las estamos generando desde adentro? El combate principal debe ser interior: contra lo que en nosotros decide de antemano que va a ser imposible, que no se puede lograr. Adentro lo disuelvo y afuera lo resuelvo, ese es un lema oriental del cual podemos aprender mucho.

Somos responsables de nuestros actos y sus consecuencias. No le endosemos el problema a nadie; preguntémonos más bien ¿qué es lo que yo puedo hacer?, eso que llamamos futuro lo estamos creando hoy, lo construimos día a día en nuestra relación con el cotidiano; prácticas, rutinas y hábitos de conducta que podemos empezar a cambiar porque ¡no estamos condenados ni condenadas a repetir patrones!


Descargamos las responsabilidades y culpas al otro, al vecino, al gobierno, a la mala suerte, a este mundo, todos hablamos de nuestros derechos, ¿y qué de nuestros deberes? Si cada ser humano se hiciera realmente cargo de sí mismo, nadie tendría que estar lidiando con lo de los otros. ¡Dejemos de poner a sufrir al otro con nuestros desórdenes! No es necesario esperar una política pública, volvámonos esa política. ¡La lucha se vuelve desde todos los frentes en que somos capaces de desplegar nuestras reflexiones!

No tener miedo y obrar y compartir desde el amor, son hoy la mayor acción insurgente en estos tiempos. Vamos a encontrarnos, vamos a juntarnos, vamos a ayudarnos, ¡unirse para vivir es súper práctico! Como dijo el mayor Tupac Amarú: "¡Volveré y seremos millones, pero tenemos que reunirnos ya!".


Liberémonos de los sistemas de creencias que no nos permiten experimentar otras formas de estar en la realidad, de participar y de crear en ella; porque si ponemos atención eso es lo que nos está reclamando la vida: cambio, expansión, transformación y esa transformación sólo puede empezar en un lugar. ¿Por dónde empiezo? ¡Por mí! ¡Por dónde más! Nuestro cuerpo es nuestro tiempo y nuestro espacio. Recordemos la capacidad que tenemos para contribuir conscientemente en la transformación colectiva de estas condiciones de existencia; no somos culpables de todo lo que está sucediendo en el mundo, pero sí somos responsables del pedacito que cada uno y cada una es, y este pedacito, sumado al tuyo, y al de él, y al de ella, y al del otro y la otra, da como resultado, el mundo. El gran propósito es colectivo, pero el esfuerzo es individual.

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